Cultivar ajos en nuestro huerto urbano es una buena opción para el periodo de otoño a primavera. El ajo es una planta indispensable en la cocina mediterránea y conocida desde la antigüedad debido a sus propiedades medicinales, pues como se dice, el ajo “es bueno para todo”,  aunque su sabor, excesivamente fuerte no es del gusto de todos.

El Ajo, clasificación y biología

El ajo, de nombre científico Allium sativa, es una planta de la familia de las liliáceas, un amplio grupo que incluye plantas comestibles y ornamentales de gran importancia económica como las cebollas, los puerros, los lirios y los tulipanes entre otras.

Las plantas de esta familia se distinguen por tener una estructura subterránea llamada bulbo, que en realidad es un tallo modificado para permitir a la planta sobrevivir en condiciones desfavorables. Este bulbo es la principal parte comestible de ajos y cebollas, aunque también se pueden consumir las hojas como sucede en los puerros.

En el caso del ajo, el bulbo, llamado “cabeza” está dividido en unidades independientes llamadas “dientes”, con capacidad para dar lugar a una nueva planta de ajo cada uno.

El ajo es una planta bianual por lo que hasta el segundo año no florecerá, así que en cultivo nunca llegaremos a ver la flor. En general el ajo tiene un tamaño reducido de  bulbo y un escaso desarrollo radicular, lo que le  hace un cultivo muy apropiado para el invierno en el huerto urbano.

El cultivo del ajo

Clima

Es un cultivo apropiado para ocupar nuestro huerto finalizado el verano, si los inviernos son templados o moderados en vuestra región, se pueden sembrar en otoño ( normalmente pasado octubre), si los inviernos van a ser demasiado fríos, se sembrarán finalizados los meses más duros del invierno. En realidad el ajo necesita frío durante el invierno para desarrollar sus estructuras subterráneas, aunque en verano puede aguantar temperaturas muy altas siempre y cuando el sustrato esté húmedo.

Siembra y sustrato

El ajo en realidad no se siembra, pues nunca se cultiva desde semilla, sino que se plantan los dientes en la tierra con su envuelta protectora, de ellos saldrá la planta del ajo, aunque hay que tener en cuenta que sembrar un diente de la cosecha anterior puede implicar que no germine por haber sido inducida la floración por el frío invernal. Hay que recordar evitar sembrarlo en terrenos ocupado anteriormente por otros miembros de su familia, o por cultivos con  bulbos o raíces comestibles. Es muy importante así mismo que sea un suelo con buen drenaje, franco arenoso y sobretodo sin encharcamientos.

El ajo tiene muy pocas variedades debido a la casi total ausencia de reproducción sexual. El más común es el ajo blanco, existiendo también una rosada, y un ajo chino, más grande pero de peor calidad.

Cosecha

Una vez cosechados los ajos a principios de verano, se deberán dejar colgados en un lugar ventilado para que pierdan la humedad que aún puedan guardar. También se puede proceder al cultivo de ajos tiernos o ajetes, en cuyo caso se puede sembrar y recoger en unos tres meses.

 

Curiosidades del ajo

  • El ajo necesita inviernos suaves, aunque aguanta bien el frío. El frío intenso hará que los dientes sean mucho más picantes.
  • Existe ajos ornamentales de gran flores coloreadas, en realidad son diferentes especies del género Allium.
  • El ajo tiene un tipo de reproducción asexual poco frecuente en el que se desarrollan bulbos en las  flores.
  • Existe un leyenda muy extendida que dice que los ajos nunca se han de sembrar en luna llena pues hará que se salgan de la tierra.
  • La plántula de ajo y puerro es difícil de distinguir. Pero las fechas de cultivo no suelen coincidir y si lo hacen, hay que pensar que prácticamente nunca se cultiva ajo desde semilla.