Los diferentes electrodomésticos van llenando nuestro hogar.

Parece que todo lo que tenemos que hacer con ellos es detectar nuestras necesidades, buscar el equipo que mejor se adapte, procurar que tenga poco consumo energético o un buen etiquetado energético (tipo A o B) y, por supuesto, un buen precio. Después lo instalamos donde creemos conveniente y ya está.

Una buena limpieza y un buen mantenimiento favorecen que el equipo dure más, en mejores condiciones, y gaste menos energía.

Ahorramos dinero

A grandes rasgos, podemos decir que la limpieza es fundamental. Hay que tener la precaución de no utilizar productos abrasivos que puedan deteriorar la superficie de los equipos, pero evitando que se acumule polvo sobre todo en las resistencias y en las zonas de ventilación.

La lavadora, secadora, lavavajillas, aire acondicionado, etc., tienen filtros que deben limpiarse periódicamente, con una frecuencia diferente según el modelo y la utilización del mismo.

Si los filtros se obstruyen por efecto del polvo o la suciedad acumulados, se reduce drásticamente el rendimiento del equipo, porque o bien no expulsa el calor como debe o le cuesta más bombear el agua para el lavado.

Todos los equipos que generan calor o frío deben ir acompañados de un buen aislamiento térmico.

El horno, el frigorífico o el congelador tienen que cerrar bien, por lo que hay que vigilar el estado de los burletes de las puertas, limpiarlos con frecuencia y comprobar que no tienen roturas. El aire acondicionado debe encontrarse en una habitación sin pérdidas energéticas, para aprovechar al máximo su consumo energético. La mayoría de estos equipos tiene una salida de aire.

Es muy importante que no queden obstruidas. Para ello bastará con pasar un trapo húmedo para evitar esta acumulación de grasa y polvo.En el caso de la plancha, un buen mantenimiento es fundamental para alargar su vida. Si los orificios por los que sale el vapor están atascados, en la mayoría de los casos por acumulación de cal, la plancha no será igual de eficiente. Cada vez que la utilice, límpiela, en frío.

Si la suela es de aluminio, bastará limpiarla con un paño húmedo o esponja y detergente suave. Al menos una vez cada dos meses es recomendable que haga una limpieza más profunda.

Dentro de los equipos instalados en el hogar, el frigorífico adquiere una relevancia especial, debido a que lo tenemos encendido todo el día.

Pequeñas diferencias en la capacidad, la etiqueta energética o la potencia entre un equipo y otro parecen poco importantes en el momento de la compra, pero al cabo del año pueden significar grandes diferencias de consumo eléctrico.El primer punto a tener en cuenta es la etiqueta energética.

Ni que decir tiene que la mejor elección serían los modelos de clase A, es más, en el caso de aparatos de frío, hay que recordar que existen algunos con una calidad energética aún más alta, «A++». La diferencia de consumo entre un frigorífico de clase A++ (205 kWh/año) y uno de clase B (376-512 kWh/año) es tan grande (unos 28 euros/año) que su diferencia de precio se amortiza rápidamente.

El frigorifico Ideal

Para hacernos una idea general en la elección del tipo de aparatos, el consumo de los frigoríficos aumenta en relación con su capacidad y con el número de estrellas o el tipo de prestaciones.

Así, a una temperatura ambiente de 20ºC, un frigorífico tradicional con compartimento para hielo, consume en energía eléctrica el equivalente a 20-30 euros al año; sin embargo, un modelo de cuatro estrellas con congelador, consume el equivalente a 30-43 euros al año, unos 10 euros al año de diferencia. Teniendo en cuenta que la vida media de un frigorífico es de unos diez años, la diferencia entre uno y otro está por encima de los 100 euros.

Así, podemos afirmar que la elección de un electrodoméstico de frío hay que hacerla conforme al número de personas, a los hábitos de vida y de compra, a la posibilidad de tener que congelar alimentos frescos y al espacio disponible en la casa. Los más recomendables son los «no frost» o «frost free», que están dotados de un ventilador que previene la acumulación de humedad, evita la formación de escarcha e hielo y la concentración de malos olores. El aislamiento es fundamental para evitar pérdidas energéticas innecesarias.

Una vez elegido el frigorífico idóneo, hay que seleccionar su ubicación correcta. Tiene que colocarse en el punto más fresco de la cocina, lejos de cualquier foco de calor y de humedad. Su instalación exige una separación de la pared de 10 cm.