Cactus: Plantas crasas o suculentas

Los cactus son plantas crasas o suculentas, llamadas así por su capacidad de retención de agua en los tejidos. Técnicamente pertenecen a la familia de las cactáceas, grupo de plantas con características comunes entre cuya característica más visible es el no tener hojas y tener espinas agrupadas en pequeñas almohadillas peludas denominadas areolas. Esta familia excluye a otras plantas crasas como aloes y ágaves, incluso algunas con un extraordinario parecido con los cactus, como es el caso de las euphorbias.

Muchos cactus bien en ambientes desérticos o semidesérticos, y aunque se adaptan bien al clima mediterráneo hay que tener cuidado con las heladas invernales. También es conveniente saber que existe un grupo de cactus que viven en la selvas tropicales pero en condiciones de estrés hídrico, pues viven en las copas de los árboles, son los llamados cactus epífitos de aspecto muy distinto al de los demás cactus, y con una elevada resistencia a la humedad ambiental.

 

Precauciones ante las espinas

 

La mayoría de las adaptaciones de los cactus están orientadas a la supervivencia en un entorno hostil y de extrema sequedad. Es por ello que normalmente están dotados de agudas espinas o en su defecto, los llamados gloquidios, unas fibras de aspecto sedoso que pueden ser muy urticantes (especialmente en los ojos) y contra las que habrá que tomar precacuciones. Por otra parte no todas las espinas son iguales, algunas son extremadamente finas y que se quiebran fácilmente al clavarse (cuidado con frotarnos los ojos, al igual que con los gloquidios), otras son ganchudas pues su función es engancharse al pelo de los animales para que sirvan a los esquejes de cactus de medio de transporte, y otras (la mayoría) son lo bastante afiladas como para atravesar cualquier guante que nos pongamos.

Así pues a la hora de realizar un trasplante hay que evitar por una parte dañar demasiado al ejemplar en la operación y por otra resultar dañados nosotros mismos.

Un método que suele dar buen resultado a la hora de manejar ejemplares de pequeño tamaño (como podemos tener en nuestra casa) es enrollar una hoja de periódico o un folio, y aplastarlo hasta dejarlo plano, después con él rodearemos el cactus agarrando los dos extremos del papel con la misma mano de forma que quede tan ceñido al contorno de la planta a modo de cinturón, que podamos usarlo para manipularlo.

 

Reproducción y trasplante

 

Una vez extraída la planta, observaremos que tienen raíces gruesas y pivotantes, es decir organizadas en torno a un eje central.  Como los cactus suelen permanecer muchos años en la misma maceta seguramente habrán ocupado la mayor parte de volumen con sus raíces y presentar un aspecto bastante compacto, es normal.

Hay que considerar que también pueden ser esquejes provenientes de un corte del tallo (en cuyo caso hay que dejar secar en un lugar oscuro y aireado durante al menos un par de semanas) o propágulos que se desprenden fácilmente, después se puede proceder con ellos de una forma similar a la del trasplante, aunque no será necesario enterrarlos profundamente si no simplemente dejarlos apoyados sobre el sustrato.

 

Suelo y trasplante

 

Normalmente los cactus suelen habitar en terrenos arenosos o francoarenosos, con texturas gruesas, con alta capacidad de drenaje y escasa materia orgánica, de hecho el encharcamiento es su peor enemigo pues se ven atacados fácilmente por la podredumbre de las raíces y la parte inferior del tallo.

La empresas de sustratos fabrican sus propias mezclas para cactus, basados en estas características, que para un pequeño cultivo en nuestros hogares nos pueden ser perfectamente válidos. Si no, como mezcla casera se pueden seguir estas recomendaciones.

  •  Para plantas jóvenes, esquejes y propágulos se puede usar una textura más fina, si es esterilizada mejor. Podría ser válida una proporción 1 grava fina: 2 turba
  • Para plantas más vigorosas de raíces profundas, se podría usar una mezcla de 3 de turba, 3 de tierra de jardín y 4 de grava
  • Para cactus esféricos y especialmente resistentes a la sequía, se puede usar una mezcla de 1 de compost 1 de turba y 2 de grava
  • Para los cactus tropicales se puede usar una mezcla de 3 de tierra de jardín y 2 de grava y 2 de turba rubia

Además de estas combinaciones hay que considerar que el sustrato tiene que tener un perfecto drenaje por lo que el contenedor puede llevar un lecho de grava para facilitar la escorrentía y evitar la perdida de sustrato.

 

Cuidados posteriores

 

Cualquier trasplante supone un riesgo para la conservación de la planta, si bien es cierto que en el caso de los cactus ese riesgo no es muy grande pues son plantas con una increíble capacidad de supervivencia, aún con las raíces destruidas o sin sustrato, tan sólo habrá que seguir ciertos cuidados como son:

  •  Evitar situar al ejemplar a pleno sol tras el trasplante para evitar su desecación.
  • Al contrario que otras plantas no es conveniente humedecer el sustrato tras el trasplante, en el caso de los cactus es mejor poco agua que mucho.
  • Evitar abonar por lo menos hasta pasados 21 días del trasplante, pues los abonos pueden ser muy agresivos especialmente en suelos con tan baja capacidad de adsorción de nutrientes.

Y únicamente recordar que es conveniente valorar si el cactus necesita el trasplante o no, pues son plantas capaces de sobrevivir en volúmenes de sustratos muy reducidos y todo trasplante implica un posterior aumento de tamaño.